martes, 30 de septiembre de 2014

Confianza suprema

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El libro Guinness Book Records narra una interesante historia de fe y confianza. El mayor volatinero del siglo XIX fue Francis Gravelet, alias Charles Blandin, (1824 – 1897) de Francia.
Fue el primer ser humano que cruzó las Cataratas del Niágara. Lo hizo caminando sobre una cuerda floja que tenía tres pulgadas de grosor, cuatrocientos metros de largo y estaba a cincuenta metros por encima de las cataratas. La hazaña ocurrió el 30 de junio de 1859. Cruzó las cataratas empujando una carretilla, se detuvo en medio del recorrido y comió su almuerzo.
Después que Blandin cruzó las cataratas, un joven espectador le gritó:
-Señor Blandin, ya se detuvo comió su almuerzo por encima de las cataratas, ¿por qué no las cruza ahora llevando a alguien en sus espaldas?
-Muy bien –replicó Blandin-, ¿de verdad crees que puedo hacer eso?
-Si, estoy seguro que usted puede –fue la respuesta.
-¡Qué bueno! –respondió Blandin-, ven súbete a mi espalda y voy a intentarlo.
El joven desapareció silenciosamente entre la multitud. ¡Su fe en Blandin no era más que palabras!
Un año más tarde el 30 de junio de 1860, Blandin regresó a las Cataratas del Niágara y las cruzó con su agente, Harry Colcord, sobre su espalda. ¿Qué había hecho la diferencia? ¿Por qué lo hizo Colcord? Porque son sólo tenía una creencia intelectual y temporal en Blandin, ¡confiaba plenamente en él!
¡Esa es fe verdadera! ¡Verdadera confianza es poner todo tu peso en algo o alguien! La Biblia dice: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas” (Proverbios 3:5, 6).Confía en Dios y hallarás descanso en tu vida. Confiar en Dios es como sentarse en una silla. Uno pone todo su peso sobre ella. No hay cosa más insegura que una silla con una pata rota. Uno se sienta pero en realidad no pone todo su peso sobre ella. Se cansa en un instante porque no ha confiado en el asiento. Acuérdate que Jesús reprochó a muchos, diciendo: “De labios me honran, pero su corazón lejos esta de mí”. La confianza en Dios es resultado de una práctica continua que se convierte en una experiencia cotidiana. ¿Cuántas veces habrá cruzado Colcord sobre la espalda de Blandin, con cuerdas menos largas y sobre espacios menos peligrosos?
Seguramente muchas, hasta que adquirió plena confianza en su “portador”.
La vida cristiana es confianza plena en Dios. Poco a poco, a medida que experimentamos su fidelidad en el cumplimiento de sus promesas, aprendemos a confiar en Él.


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