Ludopatía o adicción al juego
Existen hoy día muchas personas que son adictas al juego y no lo saben o no lo quieren saber. Es importante entonces conocer en qué consiste esta forma de adicción, cuáles son los factores de riesgo y directrices y pasos a seguir para hacer frente al problema.
La ludopatía es una forma de adicción psicológica que afecta a unos 400.000 españoles. Consiste un trastorno de conducta que se caracteriza por un deseo compulsivo de jugar. Los jugadores patológicos pierden el control sobre el juego y, aunque deseen dejarlo, son incapaces, realizan importantes inversiones de dinero, las apuestas son cada vez mayores llegando a perder grandes cantidades, se acumulan deudas, engañan a los demás para conseguir ese dinero, disminuye el rendimiento en el trabajo, la mayoría de las veces acaban mintiendo a los familiares acerca del problema, pierden amigos, etc.
El impulso hacia el juego es tan grande que no pueden resistirse. Las ganas y deseo de jugar les crea gran ansiedad e intranquilidad, que no desaparece hasta que lo consiguen. Al perder el control sobre el juego, aparecen sentimientos de apatía, desmotivación, tristeza, pérdidas de autoestima, experimentan sentimientos de culpabilidad y arrepentimiento.
Esta situación puede interferir en la vida del individuo hasta el punto de impedirle llevar una vida normal, ya que la adicción produce efectos negativos a nivel personal, familiar, económico, social, laboral… afectando en definitiva en su calidad de vida y bienestar.
Existen algunos factores de riesgo que pueden predisponer a algunas personas a esta forma de adicción.
1. Características de personalidad: personas con problemas de autodominio y dificultad para controlar los impulsos, suelen tener poca tolerancia a la frustración, dificultades para enfrentarse a los problemas y situaciones dolorosas y estresantes, buscan y tienen necesidad de placer inmediato, suelen ser muy impacientes, inestables emocionalmente, necesitan experimentar sensaciones fuertes y la mayoría tienen problemas de madurez y carencias afectivas.
2. Creencia errónea de que el juego ayuda a olvidar los problemas, y que por lo menos, mientras se está jugando se está pasando un rato agradable.
3. Los periodos de carga emocional y los conflictos aumentan la tendencia de acudir jugar.
4. Antecedentes familiares con adicción al juego y la exposición frecuente a ambientes facilitadores de juego.
5. Educación consumista en la que se le da mucha importancia a lo material y todo lo relacionado con el dinero.
6. No saber qué hacer con el tiempo libre, el aburrimiento, falta de alternativas y oportunidades para llenar ese tiempo, y sobre todo poca creatividad al respecto.
1. Dotar al jugador y su familia de recursos para hacer frente a esta situación.
2. Enseñarles alternativas y opciones para llenar el tiempo libre, con objeto de evitar los momentos de soledad no buscados ni deseados.
3. Entrenarle en habilidades de resolución de problemas, habilidades para enfrentarse a situaciones estresantes, técnicas de autocontrol de impulsos, etc.
4. Orientaciones para que aprendan a manejar sus estados emocionales, ya que hay que tener en cuenta que en momentos de tristeza, decaimiento y apatía aumenta la probabilidad de acudir a jugar.
5. Enseñar estrategias para fomentar y mejorar la comunicación entre los miembros de la familia.
6. Evitar la asistencia a lugares que facilitan y promueven el juego, y evitar las relaciones con amigos que siguen jugando.
7. Es aconsejable contar con una persona de confianza que le ayude en el proceso de dejar de jugar, que le controle todo el dinero, y gastos y en quien encontrar apoyo y confianza.
El jugador difícilmente va a aceptar que tiene un problema. Los que le rodean se dan cuenta, hacen lo imposible por ayudarle, pero el adicto no lo reconoce, por lo tanto no piden ayuda, creen que lo pueden controlar y que cuando quieran lo dejan, pero la realidad es otra.
Para dejar el juego lo primero que tienen que hacer es tomar la determinación de dejar de hacerlo y posteriormente elaborar un plan de acción encaminado a ello. Al mismo tiempo es importante que el jugador deje de mentir, ya que en este tipo de trastorno la mentira llega a instaurarse como un hábito del que es difícil desprenderse.
En cualquier caso, cuando se trata de jugadores patológicos, es imprescindible la ayuda de expertos, no sólo para dejar de jugar sino también para prevenir posibles recaídas.
Fuente:
Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga Clínica. Psicóloga Escolar.
Universidad de Granada
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